• Isidora Correa

Adoptó y adoptó hasta que una familia perruna formó

Martita, Macana y Sebastián son los tres felpudos que forman la familia de Eli Albasetti. El camino no fue obvio, pero siempre supo que la adopción era lo correcto.



Mi mamá siempre lo dijo: adoptar era la única forma de tener una mascota.

Cuando yo nací, mi tía le ofreció un Cocker de su criadero y obvio que lo rechazó. Cuando Eliana sea un poco más grande, quiero adoptar, para que sepa que eso es lo correcto, le dijo. Y así fue, toda esta pasión que siento por los animales nació gracias a ella.


Cuatro fueron las mascotas que la modelo tuvo durante su niñez: Gabriela, los dos gatos y Lady, todos adoptados y rescatados del abandono.

Era una de esas noches en las que todos estaban volcados en la tv, porque jugaba la tenista argentina Gabriela Sabatini. A dos cuadras de la casa mi mamá se encontró a Gabriela. A Gabriela la habían ido a botar y probablemente tenía dos años. No era cachorra y era más o menos grande. A mí me daba pánico, yo era re chiquita.

Crecí, pasó tiempo y así pasó también el miedo. Nos terminamos amando, yo la vestía y todo. Estuvo conmigo por trece años.

Desde el abandono mi mamá rescató de nuevo: se encontró a dos gatitos. Los dos estaban enfermos, pero uno ya parecía estar en su lecho de muerte. Decidió llevárselo igual y darle una despedida con cariño.

Cuento corto el segundo gato sobrevivió y terminamos con tres peludos en la casa.


Pero el amor que tenían por entregar no se acabó ahí


La tercera fue una perrita. Lady. la habían botado en mi colegio y estaba llena de sarna. Como ya tenía a Gabriela y a los otros dos gatitos en casa, no la podía traer porque podía ser contagioso, explicó.

Mi mamá diluyó una botella con la solución para tratar la sarna y yo todos los recreos la iba a rociar, con guantes obvio (ríe), para hacerle el tratamiento.

Cuando le empezó a crecer el pelo y se le fue la sarna, me la pude traer a casa. El día anterior había llovido y sabía que estaba ahí a la intemperie, lloré toda la noche y bueno, mi papá se conmovió y me dejó traerla.

Creció, se mudo a Chile y viajó por el mundo

Estaba trabajando de modelo y viajaba un montón. Siempre que me encontraba algún perro o gato, me las arreglaba para encontrarles casa. Camino a los casting si me encontraba a alguno, me lo llevaba al casting y les trataba de buscar casa como fuera, porque como estaba en Italia o España por pocos meses, no me los podía llevar.

La historia más potente fue con mi perra Martita, acá en Chile.

Fuimos a un evento para apoyar a una fundación que promovía la adopción. Íbamos en la onda de sólo apoyar a la causa, nada de adoptar, porque la Emi, mi hija, estaba súper chiquitita, tenía sólo dos años.

Fede mi marido me dijo: “Eli, acuérdate que estamos en un departamento, lo que traigan ojalá que sea chico” ríe a carcajadas. Fede, estás loco, si sólo voy a ayudar, jamás me traería nada, le dije.


Escupí al cielo, y me cayó en medio de la cara


Mi hija se enamoró de una perrita, la amó con toda su alma y me convenció. “Mamá es hermosha, la perra másh linda del mundo, la neceshito para vivir”, así es como a sus cortos dos años Emi me sedujo.

El segundo que adopté fue porque en realidad yo era hogar temporal y todas ya sabemos lo que sigue, se ríe.

Macana salió del programa “Amores Perros” del Canal 13, donde yo estuve metida en el caso. Normalmente trabajan con famosos que llevan al perro y chao, nunca más supieron nada de él.

En mi caso, llevé a Rambo, que estaba lleno de sarna y tiña para poder medicarlo y darlo en adopción.

Yo me sentía TAN responsable y me molesta tanto cuando te dejan el cacho, así que esta, no iba a ser la ocasión. Me hice cargo de todo lo que estaba en mis manos, que no era lo veterinario.



Mientras le hacía los baños para quitarle la sarna, habían otros perros en jaulas mirando. Uno de esos era Macana, que me observaba con una carita que no resistí. También estaba con sarna y pensé: si ya estoy bañando a uno, qué más da, baño a los dos. Démosle.

Cuento corto: cuando terminó el programa “Amores Perros”, a Macana no lo adoptó nadie. Se curó, pero como había estado muchos años con sarna y tiña quedó pelado, entonces no lo quería nadie, porque pensaban que todavía seguía con la enfermedad.

No hubo caso. La veterinaria del programa la tenían que vender y se iban a llevar a Macana a una fundación fuera de Santiago.

A mí como que no me tincó mucho y dije: “todo el esfuerzo que hice por este pelado que conocí con un mohicano no puede irse por la borda, bueno me lo llevo a casa, listo”.


Mi idea era darlo en adopción llevándolo a jornadas. En una de ellas le mandé a hacer un trajecito militar y como tenía la cabeza pelada le puse un gorrito para que no se dieran cuenta.

No lo adoptó NADIE, se iban todos menos Macana.

Y así fue, se terminó quedando conmigo.


Después tuve a muchos perritos como hogar temporal. Los tenía mientras tenían sus puntos después de la esterilización.

Hay personas que me contactan para ser hogar temporal y luego del tiempo que acordamos me dejan de contestar el teléfono. Me ha pasado muchas veces.

La gente muchas veces juega con ese sentimiento de amor que tengo, saben que jamás devolvería a un perro a la calle jamás en la vida.

En el refugio de Mirada Animal, mientras ayudaba con los perros, me enamoré de Sebastián

Está totalmente loco, es como si en otra vida hubiera sido un humano loco.

Cuando iba al refugio yo entraba en el canil #1 a saludar o darle comida al perrito que estaba ahí y mientras él estaba en el #5 gritaba y lloraba porque sabía que era yo. Lo único que quería es que yo vaya a su canil, cuando iba, me besaba, se volvía loco y entretanto se hacía pipí. No era así con nadie más. Él era mi regalón.


No lo podían poner en jornadas de adopción porque tenía problemas. Su rabia redirigida lo hacía morder a los humanos que paseaban con él porque no podía morder a los otros perros. A mí no me pasaba eso.

Como lo único que quería era que Sebastián tuviera casa, en una de las portadas en las que me tocó salir para una revista de mascotas, elegí salir con él.


Me lo llevé a casa para salir al otro día al estudio de fotografía, pensando que esa noche dormiría en el baño para que no se coma ni a Martita ni a Macana. Fue re loco, vio a mis dos perros en la casa y todo bien, se fue acercando y ninguno de los bozales ni correas que llevé asustada fueron necesarios.

Hicimos las fotos y al otro día lo tenía que devolver al refugio.

En la noche lo acariciaba y suspiraba de plenitud, estaba tan feliz que no lo pude devolver y se quedó en mi casa.


Se amaron. Se llevó increíble con los dos.


Tengo 3 perros en el departamento y el que va sabe perfectamente que le tienen que gustar los perros. La gente a la que no le gustan los perros creen que estás loca.


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